Huerto vertical. A la venta en El árbol.

¡Novedades!
¡Vamos a vender los huertos verticales!
Me preguntaba mucha gente, y cuando los enviaba a otra persona parecía que el interés se iba diluyendo en el camino, así que decidí venderlos en El Árbol.
Hay medidas estándar y algunas se pueden hacer a la medida que necesites.
Tenemos idea de hacer un grupo con la gente que compra huertos verticales para intercambiar semillas, plantas, experiencias… y las ganas de llenar toda la ciudad de verde …

Lo que inspiro el pequeño Huerto de Sant Elies.

Ojalá sea el comienzo de algo así de interesante 🙂

Cuando llega la hora de la cosecha, todo el mundo puede servirse gratis. Esta revolución hortícola y comunitaria tiene un nombre: Incredible Edible (Increíble Comestible).
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Estelle Brown y Mary Clear, en un huerto de Todmorden.

En Todmorden, Gran Bretaña, los vecinos plantan verduras, hierbas y árboles frutales en 70 espacios públicos. Cuando llega la hora de la cosecha, todo el mundo puede servirse gratis. Esta revolución hortícola y comunitaria tiene un nombre: Incredible Edible (Increíble Comestible).

Cuando uno llega en tren a Todmorden lo primero que encuentra al salir de la estación, es un suculento mapa de todos los cultivos que se tienen a mano, arropados por una inequívoca consigna en inglés: “Help yourself!” (“¡Sírvase usted mismo!”).

incredible_edible6Se plantan a discreción verduras, hierbas y árboles frutales en 70 espacios públicos. Se forma una red de 280 voluntarios que se turnan y se dedican dos mañanas al mes a cuidar de los cultivos. Y todo el mundo (incluidos los turistas) pueden servirse gratis y a placer cuando llega la hora de la cosecha.

“Incredible Edible”, da nombre a una auténtica revolución de la agricultura urbana. Cuenta con una red de 200 grupos repartidos por todo el planeta: de España a Australia, de Mali a Burkina Faso. El pueblo grande de 15.000 almas, se encuentra a veinte kilómetros de Manchester y la revolución es impulsada en su mayoría por mujeres.

Antes de conocer a las “increíbles” mujeres de Todmorden, conviene respirar hondo y tomarle la medida al intrincado laberinto de casas de piedra y “puntos verdes”. Si queremos maíz dulce o cebollas japonesas, no tenemos más que acercarnos a los lechos de cultivo de la policía local. Si queremos hierbas medicinales, habrá que ir a la “apoteca” natural que crece junto al hospital. A la puerta del teatro crecen las tomateras. Junto a la iglesia unitaria, en la colina más alta del pueblo, se prodigan las coles y las acelgas.

La lista es tan “increíble” como interminable, y el pueblo no sólo se autoabastece gratuitamente a lo largo del año, sino que encima hay un sobrante con el que se organiza la gran fiesta anual de la cosecha, hasta la que ha descendido, en cierta ocasión, el mismísimo Príncipe Carlos.

“Nuestro secreto está en que somos el movimiento más inclusivo del mundo”, asegura Mary Clear, quien ayudó a crear el grupo junto a Pamela Warhurst.

“Nuestro lema es así de simple: ‘Si comes, estás dentro’. Aquí no discriminamos a nadie por sus diferencias alimenticias, ni se nos va el tiempo echando sermones. La diferencia se marca pasando a la acción. En eso estamos”.

El Ayuntamiento ha cedido el solar del viejo hospital, junto al río, donde han echado raíces los primeros árboles del gran jardín comestible, con la ayuda de los trabajadores de VolkerStevin y de Considerate Constructors (Constructores Considerados). Todo parece tener un nombre sugerente en Todmorden, empezando por el pueblo, al que sus habitantes llaman cariñosamente ‘Tod’.

En el aparcamiento del nuevo hospital, sobre varias camas de cultivo crece el herbolario local, cuidado primorosamente por la ‘boticaria’ Helena Cook. Equinácea para fortalecer las defensas, achicoria para el aparato digestivo, romero para las enfermedades respiratorias, caléndula para las curar las infecciones.

Las ocho escuelas del pueblo se han hecho también “increíbles y comestibles”, y en una de ellas se está habilitando una granja piscícola, donde también se cultivará por hidroponía. Entre tanto, el programa Every Egg Matters está llenando Todmorden de gallinas, con el objetivo de llegar en el 2018 a una producción de 30.000 huevos semanales, suficientes para todo el pueblo.

“Seamos realistas: no vamos a conseguir la autosufiencia alimentaria, pero al menos estamos trazando el camino”, reconoce Mary Clear, la “agitadora” del grupo, con todo el saber acumulado de sus años de trabajadora comunitaria y con el “sentido común”, aplicado al arte del cultivo. “Nuestros huertos son pura ‘propaganda verde’, aunque el efecto que han tenido en estos años ha sido tremendo”, subraya Mary. “El consumo de productos locales ha aumentado tremendamente, los comercios que al principio nos miraban con recelo ahora quieren ser increíbles y comestibles”.

Tan importante como los cultivos es todo lo que ha ido creciendo en estos seis últimos años en Todmorden. “Vivíamos en un pueblo sin nada especial, como cualquier otro, abatido por la crisis y por el desempleo”, recuerda la co-fundadora, Pam Warhurst. “Lo que hemos logrado ha sido no sólo reverdecer nuestras calles, y poner a cultivar a la policía y a los bomberos. Lo más importante ha sido reactivar el poder de la comunidad, y demostrar que juntos podemos”.

“Cuando empezamos, los comerciantes nos miraban con recelo y pensaban que eso del ‘sírvete tú mismo’ les iba a arruinar el negocio”, recalca Warhurst. “Ahora resulta que el 46% de los negocios locales han crecido desde entonces, que el mercado local atrae a mucha más gente, que la criminalidad en el pueblo ha disminuido y que ni siquiera existe el vandalismo porque todos contribuimos a nuestra manera al cultivo. Ahora vienen a vernos de todas las partes de Inglaterra y de más allá. La idea ha germinado y está creciendo ya en todo el planeta… Si movilizamos a las comunidades locales, nos espera realmente un futuro increíble”.

El gallinero ecológico. Nuevo libro.

El gallinero ecológico.

La cría de gallinas ecológicas para obtener huevos y carne de pollo de calidad vuelve a tomar auge. Con la experiencia y conocimientos del autor podrás iniciar, cuidar y mantener el corral ecológico según los recursos y el espacio del que dispongas; podrás obtener buenos productos alimenticios de origen animal para autoconsumo, venta o intercambio, a la vez que te aseguras de que lo haces con todas las consideraciones por el bienestar animal. Sabrás cuales son sus necesidades de espacio, de alimentación, de iluminación, la bebida, y los posibles problemas a prevenir en cuanto a características de las instalaciones, limpieza, seguridad y salud en general.

¡Buenas ideas! Tú cultivas, yo cedo la tiera.

Tú cultivas, yo te cedo la tierra

Huertos Compartidos es una iniciativa de la asociación Reforesta que, a través de una comunidad virtual, pone en contacto a quienes quieren cultivar un huerto y no disponen de terrenos, con aquellas personas que tienen tierras pero no el tiempo suficiente para trabajarlas, fomentando la cesión de las mismas a cambio de compartir la cosecha.

El proyecto también está abierto a personas que quieran ayudar de otras formas, por ejemplo, mediante sus conocimientos, patrocinio o simplemente, uniéndose a la comunidad. El coordinador de Huertos Compartidos, Santiago Cuerda, explica a Noticias Positivas que se trata de un proyecto reciente aunque la plataforma ya cuenta con “más de 600 usuarios registrados”, entre hortelanos y propietarios.

“Creemos que nuestro mensaje es simple y muy positivo: ayudamos a la gente a conectarse y ayudarse mutuamente; promovemos huertos ecológicos; ponemos en producción ecológica solares y fincas improductivas, tanto en ciudades como en pueblos y creamos una comunidad en Internet para compartir conocimientos y experiencias”, remarca Cuerda.

El proyecto tiene como objetivo fomentar la horticultura urbana, la recuperación de huertas tradicionales, la agricultura ecológica, la soberanía alimentaria, la producción local de alimentos, la solidaridad, la cooperación y el voluntariado. Participar en huertos compartidos es una buena opción para la salud física y mental de las personas pero también para el medio ambiente, ya que reduce el CO2 y favorece la biodiversidad.

En ese sentido, Cuerda ha adelantado que en los próximos meses, pondrán en marcha un Club Social y Ecológico de Huertos Compartidos para fomentar la formación en agroecología y huertos urbanos, el agroturismo y una red de Huertos Compartidos Tutelados, a modo de huertos-escuela.

La Web cuenta con dos bases de datos, una para hortelanos y otra para propietarios, integrada en una aplicación de Google Maps. De esta manera, de forma visual, se puede localizar dónde hay personas buscando terrenos y dónde hay personas o entidades dispuestas a cederlos.

Aunque cada usuario es libre de acordar las condiciones finales del acuerdo, la plataforma ofrece varias opciones para el intercambio: cesión gratuita de terrenos a cambio de un reparto al 50% de la cosecha que genere el huerto; transacción basada en el intercambio de terreno por conocimientos sobre horticultura en forma de clases teóricas y/o prácticas; trueques por objetos de colección, pequeños trabajos o mejoras en la finca compensatorias.

Para participar de Huertos Compartidos es necesario pagar una cuota simbólica de 2 euros, que se reparte en 1 euro para registrarse y ofrecer un terreno o buscar huerto y otro euro para recibir el modelo de contrato que una vez firmado, la entidad se encarga de custodiar.

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¡Más fresas!

Mis amigas Paula y Kamar se comieron otras dos. Como veís hay producción 🙂